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Pequeños sueños.

Te vi y corrí hacia vos. Después de todo este tiempo esperar sólo un segundo más, me parecía una perdida total de tiempo. Estabas ahí parado, esperándome, esperando a que corra y caiga en tus brazos. Y yo sabía exactamente que tenía que hacerlo, porque una vez más, como tantas veces en nuestra vida, nos leímos el pensamiento. 
Mi corazón parecía querer salirse y llegar antes que yo. De repente nuestros pechos chocaron, me dejé caer casi muerta en tus brazos y mis brazos envolvieron tu cuello, apretándolo. Hundí mi cara entre tu hombro y tu cuello y me acerque los más posible a vos. 
Tus brazos me rodearon un poco más arriba de la cintura y sentí la fuerza que hacías, mientras tu cara se escondía entre mi pelo tan desordenado al viento. 
Tu sola presencia tan cerca de mí, me hizo sentir que estaba soñando y cerré los ojos para percibirte con todos mis sentidos. Respiré profundo y pensé: Te extraño. Y todavía más mis brazos se apretaron para no dejarte ir nunca. 
Sentí que nada en el mundo me podía destruir porque te tenía a vos, cerca de mí, abrazándome, protegiéndome. Quería quedarme en silencio y que no se termina nunca pero un rayo de sol entró por la ventana y me vi enredada entre todas las sábanas, dando vueltas en la cama. 

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