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It’s coming fast.

Acá es donde empieza el frío y no lo digo porque estemos en otoño y el invierno esté cerca… Lo digo porque lo único que me daba calor eras vos. En todos sus sentidos. 
Y, como cada vez que te vas, está la etapa donde mi alma y todos mis sentimientos se congelan, es la etapa donde me doy por vencida completamente, donde pierdo todas mis esperanzas y mi fe… Mi fe, la única que vos me transmitías.

‘Sentí como la yema de mis dedos se volvían frías, pensé que todo estaba congelado pero no… Sólo eran mis manos, eso duró unos días hasta que mis dedos empezaron a quedar sin movilidad, completamente duros y morados.
Algunos días después sentía el pecho frío, cuando respiraba ese frío intenso se volvía peor y sentía que algo comenzaba a pesar dentro mío.
Poco después mis brazos se llenaron de escarcha al igual que mis pies.
Yo estaba acostada en la cama, sin poder moverme, aunque poco me importaba.
La escarcha sobre mi cuerpo parecía florecer… Y es que estaba congelándome de adentro hacía afuera.
No sentí el propio calor de mi sangre pero veía como se marcaban unas venas color azul oscuro en mi piel…
Así y todo no tenía frío. Estaba acostada casi sin ropa observando como poco a poco ese huelo se apoderaba de mi. En el centro de mi pecho había un círculo más pálido que mi piel que iba agrandándose, mi corazón apenas latía, podía escucharlo…
La escarcha subió por mis piernas, mis caderas, mi vientre y luego mi pecho…
Recorrió mis dedos, mis manos, mis brazos hasta mis hombros y luego a mi pecho.
Por extraño que parezca mi pelo se congeló y el hielo atrapó mi cabeza, mis cejas, mis pestañas, mi nariz, mis labios, el cuello entero y luego mi pecho.
Luego mi pecho… Ahí se unían los caminos, todo el frío se encontraba en un solo lugar…
El agujero, el vacío que había en mi pecho era el causante, la razón de todo esto, aquel que proveía el frío… Adentro mío había un remolino que no dejaba de generar hielo.
¿Por qué seguía viva? Mi alma, mi corazón, mi sangre, mi cerebro… Todo estaba congelado.’

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Hush, darling.

Toqué sus manos y estaban frías pero cuando besé sus labios estos ardían. Así y todo su mirada parecía no tener expresión alguna… Era penetrante y decidida. Era un adiós.
No pude evitar ni contener mis lágrimas, las cuales caían solas sin esfuerzo alguno de mis grandes ojos marrones. Ninguno de los dos había dicho una palabra pero se sentía en el aire.
Su semblante tan serio y quieto me hacía querer irme corriendo pero sabía que si lo hacía nunca más lo vería. Era un sentimiento de ira y tristeza, querer gritar y llorar, todo con un sentimiento tremendo.
Le agarré la cara con ambas manos, que debido a su color de piel, resaltaban. Lo miré fijó a los ojos y lo apreté contra mi boca. Con enojo, con rabia… Lo saqué, lo volví a mirar y estallé en un llanto silencioso tapándome la cara con las manos.
Era un dolor en el alma. El dolor de perder al placer de tu vida.

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Tengo que ir por mi propio camino.

Tal vez algún día encontremos nuestro lugar en el mundo, pero al menos ahora tengo que ir por mi propio camino.

Dejé que mis esperanzas estén altas y las vi caer cada vez que otro color se volvía gris y es simplemente muy duro verlo todo desvanecerse lentamente.

Me voy hoy porque tengo que hacer lo que es mejor para mí.

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Smoking her last cigarette.

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Era un día de frío, esos días de invierno en los que amanece después de las 7am. Se levantó, se lavó la cara, se peinó su roja cabellera y se abrigó son su campera de cuero. Antes de salir prendió la tele y ahí miró la hora y la temperatura. Suspiró. Sabía que iba a ser un día difícil…
Agarró las llaves, se puso su mochila y salió. Caminó por el camino de cemento entre el pasto, que conducía al portón que la separaba de la calle, sacó las llaves y abrió.
Tuvo un temblor y su exhalación se convirtió en un ligero vapor frío.
Empezó a caminar hacía la parada del colectivo, lenta y pausadamente… Se quedó quieta, sacó los cigarrillos de su bolsillo. Abrió la caja que adentro tenía su último respiro de vida y un encendedor. Lo pensó dos veces antes de encenderlo, pero el deseo incontrolable no la dejaba vivir en paz, todo en su mundo giraba alrededor de aquellos palitos blancos con esa sensación de vida que a ella tanto la animaba. Sus manos temblaban, sus dedos largos y finos… tan frágiles, parecían a punto de quebrarse.
Sacó su suspiro de vida y lo prendió fuego… Unos minutos menos de vida comenzaron a quemarse y ahora ese frío vapor era un humo vitalizador que poco a poco se llevaba su vida.
Sentía como la sensación tranquilizadora recorría su cuerpo haciéndola sentir como si bebiera agua después de haber caminado todo un desierto. Qué contrariedad… El mismo sentimiento pero con fines tan distintos.
Empezó a caminar nuevamente y se le dibujaba en la cara una pequeña sonrisa de soslayo. ‘¿Sos feliz ahora?’ Se preguntó a ella misma y lo único que pudo responderse fue: ‘Sí’.
Cuando llegó a la parada del colectivo, terminó por darle las últimas pitadas a aquella gloria… Cuando llegó al limite de su uso, ella miró aquel pedacito de vida que tenía en sus manos y lo tiró al agua de la calle. Sintió como si todos sus problemas se hubieran consumido ahí y simplemente se apagaban muy despacio a medida que lo hacía la colilla inservible en el medio del agua.
Llego el colectivo, lo paró y subió…